sábado, 15 de septiembre de 2007

El fenómeno de la belleza

Trabajo a dos cuadras de la calle Corrientes, ese Paraíso de librerías de viejo, polvo y volúmenes perdidos entre volúmenes, libros de tiempos pretéritos que esperan pacientes —como quería Borges— al hombre destinado a sus símbolos. Mis almuerzos no podrían ser otra cosa que una condena de devota peregrinación y arqueología.

Stephen King declara en Mientras escribo (On Writing, 2000) que lee entre setenta u ochenta libros al año. No hay datos —¿dos veces setenta?, ¿tres veces ochenta?— de cuántos libros compra. Acaso por pudor esconde ese dato que imaginamos monstruoso.

Entre muchas otras cosas, este blog sueña con ser un itinerario de hallazgos personales, una carta de navegación, un mapa meticuloso, contradictorio, inútil, caprichoso: un nuevo libro, una nueva entrada. Tengo curiosidad por saber cuántos serán los “Infolios nuevos y usados” a la hora del balance final.