viernes, 18 de enero de 2008

El equilibrio del mundo

Un nuevo libro, una nueva entrada. Un itinerario de hallazgos personales.

Tengo varias deudas que saldar. No he sido justo con Leo Perutz, que pudo ser amigo de Kafka y que ciertamente ya es amigo mío. Tampoco he cumplido mi palabra con Ray Bradbury, con Lemony Snicket, con Robert Howard, con Simenon, con aquel librito de historia de la cultura china, editado por el Fondo de Cultura Económica hace más de medio siglo. No he rendido el tributo que merecía Oscar Wilde y un extraño libro de conversaciones. Clive Barker traducido, ese milagro de palabras y oscuridad y fantasía merece algún himno. ¡Y la deliciosa correspondencia de Calvino, de sus tiempos de editor en Einaudi! ¿Qué decir de Louis Pergaud y esa guerra feroz entre longevernos y velranos? Acaso la patria sea esas guerras de botones de la infancia.

He interrumpido por varias semanas la publicación de estas memorias pero no he interrumpido mis aventuras por las mesas de saldos. Las mañanas de enero parecen adecuadas para desandar mis pasos y comenzar a registrar los detalles, reales o inventados.

Un nuevo libro, una nueva entrada. Mejor me doy prisa si pretendo reestablecer el equilibrio en el mundo.

domingo, 7 de octubre de 2007

Revista Axolotl n° 22

Salió el número veintidós de Revista Axolotl.

Mi nota se titula
“El arte según Walter Pater”. Originalmente había sido pensada como una reseña de la novela Mario el epicúreo (Marius the epicurean, 1885), pero sospecho ahora —con la distancia que dan algunas reescrituras y una segunda publicación— que siempre se trató, en realidad, de una excusa para volver a hablar del genial Oscar Wilde.

Acaso nunca haya existido otra posibilidad, acaso hablar de Walter Pater obligue a hablar de Oscar Wilde. Pater fue maestro de Wilde, y muchas de las ideas con las que tropieza Mario en aquella Roma del siglo II ya todos las hemos escuchado antes de labios de Lord Henry, de Basil Hallward y del propio Dorian Gray.


Escribí:


“Con sólo volver algunas páginas de esta novela de Pater asistimos a un descubrimiento feliz: es la primera vez que leemos a Pater, pero la sensación que nos embarga es la de reencontrarnos con un viejo amigo, con un amigo de la infancia que añoramos”.

Hay en el título de mi nota, incluso, un juego de espejos con otra nota que publiqué en los primeros números de Axolotl, hace ya tres años:
“La vida según Oscar Wilde”.



Mientras Harold Bloom incluyó a Pater en su catálogo de “Genios”, Borges —eterno admirador de Wilde— sentenció que Pater era un estilista admirable… y un novelista ilegible. Yo, por mi parte, ando tras los pasos de Gaston de Latour, su segunda novela, que se publicó inconclusa tras su muerte.

martes, 18 de septiembre de 2007

Indignación

Por fin un amigo nos devuelve los libros prestados —ediciones que hemos anotado profusamente de “El escritor y sus fantasmas”, “Uno y el universo” y “Heterodoxia”—, y nos advierte: no pude resistir la tentación y me tomé la libertad de agregarles yo también algunas anotaciones propias. Sostenemos los libros, aún sin decidirnos a darles importancia, y percibimos que no sólo los ha anotado sino que ha marcado varias hojas con boletos de colectivo, que asoman desprolijos. Vemos también que hubo casos más extremos, más apremiantes: algunas esquinas de las hojas están dobladas, operando como flechas.

Abrimos una hoja al azar y sentimos esa típica indignación de los lectores voraces cuando descubren que otro se ha detenido donde ellos han pasado groseramente de largo.

sábado, 15 de septiembre de 2007

El fenómeno de la belleza

Trabajo a dos cuadras de la calle Corrientes, ese Paraíso de librerías de viejo, polvo y volúmenes perdidos entre volúmenes, libros de tiempos pretéritos que esperan pacientes —como quería Borges— al hombre destinado a sus símbolos. Mis almuerzos no podrían ser otra cosa que una condena de devota peregrinación y arqueología.

Stephen King declara en Mientras escribo (On Writing, 2000) que lee entre setenta u ochenta libros al año. No hay datos —¿dos veces setenta?, ¿tres veces ochenta?— de cuántos libros compra. Acaso por pudor esconde ese dato que imaginamos monstruoso.

Entre muchas otras cosas, este blog sueña con ser un itinerario de hallazgos personales, una carta de navegación, un mapa meticuloso, contradictorio, inútil, caprichoso: un nuevo libro, una nueva entrada. Tengo curiosidad por saber cuántos serán los “Infolios nuevos y usados” a la hora del balance final.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Los asesinos tímidos nº 9

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El jueves 6/09
en El gato negro
Corrientes 1669, Cap. Fed.

se presentó la revista
Los asesinos tímidos nº 9
dirigida por J. J. Burzi.



Presentó: Juan José Burzi
Leyeron: Pedro Mairal, Natalia Moret y Miguel Sardegna
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Blogs:
Natalia Moret
Pedro Mairal
Revista Los asesinos tímidos

Contenidos de LAT Nº 9:
"Entrevista" a Andrés Rivera / "Cara y ceca" En Celo / "Opinión"- Encuesta LAT Libros y escritores nacionales favoritos y sobrevalorados: Responden Esther Cross, Carlos Gamerro, Silvia Hopenhayn, Pablo Ramos, Ana María Shua, Patricia Suárez / "Entre nos" con Luis Chitarroni, Enrique Solinas, Pablo Ramos, Carlos Gamerro, Cristian Rodriguez / "Internacional" con Le Clézio, Stephen King, Paul Mallard, Sándor Márai / "Orient Express" con Kazuo Ishiguro / "El invitado" es El Conde de Lautreamont / "El comodín" con Peter Pan y Wendy.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Mishima, una visión fatalista de la literatura

Debo entregar en algunos días un artículo sobre La novela de Genji, que recién el año pasado se ha traducido de manera completa al castellano. Escrita por Murasaki Shikibu por el año 1000, este portento que —según sentencian los más entusiastas de la literatura japonesa— es comparable con el Quijote, relata las aventuras del príncipe Genji y, luego, las de su hijo Kaoru.

Recordaba haber leído una referencia al Genji en la correspondencia que mantuvieron Mishima y Kawabata, en algún momento incierto de esos veinticinco años de estrecha amistad que se extendió de 1945 a 1970. Así, a la caza de ese dato esencial corrí a buscar “Yasunari Kawabata - Yukio Mishima. Correspondencia”, editado por Emecé en 2003. Pasé la vista rápidamente por 255 páginas de subrayados temblorosos, anotaciones en los márgenes, círculos gigantes con una caligrafía indigna de la práctica japonesa… y nada. Ninguna referencia al Genji o a Murasaki.

A partir del siglo XIV, debido a la evolución del idioma, La novela de Genji se había vuelto incomprensible aun para los propios japoneses. Se sabe que Kawabata preparaba una edición de la novela traducida al japonés moderno, pero su muerte dejó inconcluso ese legado que habría sido inmortal. ¿Habría imaginado, a partir de ese dato, que Kawabata compartió sus incertidumbres y angustias de traductor con Mishima?

Sin alternativas, con un lápiz bien afilado emprendí una nueva lectura de ese deleite de corredores imperiales, etiqueta y seducción cortesana.

Aún no di con lo que busco, sigo leyendo. Sospecho por estas horas que el goce está en la búsqueda y no en el encuentro, en el camino que se recorre, no en el punto final de la última página. Creo que la literatura japonesa es un alegato sin fin en defensa de esta tesis. Es justo decir, entonces, que sigo leyendo gozosamente, a pesar de que mi búsqueda amenaza con ser inútil.

Pero me gustaría dejar constancia de un nuevo hallazgo, ausente en mi primera lectura. El protagonista no es Murasaki, el Genji o Kawabata, sino Mishima.

Entre pedidos de disculpas por el contenido personal de sus cartas, expresando sentirse avergonzado por haberse extendido demasiado sobre asuntos propios, lamentando la descortesía de una carta que abunda en muestras de admiración, respeto y cortesía, el 18 de julio de 1945, Mishima le escribe a Kawabata:

“¿Y no llegará un momento en que me veré enfrentado a la dolorosa decisión de realizar, fuera del campo de la literatura, mi visión fatalista de la literatura? Llego a pensar que este deseo de dejar un bello relato al estilo antiguo es perdonable en la medida que representa un medio de prepararme en secreto para ese momento”.

Veinticinco años después, el 24 de noviembre de 1970, la visión fatalista de Mishima escapa de la literatura y acaba en la práctica del seppuku, la muerte ritual que consiste en abrirse el vientre para ser luego decapitado.

Conociendo el final de la historia, sabiendo del fracaso, el honor y la muerte, ¿es lícito rastrear "hacia atrás" —bien atrás— el momento en que Mishima entrevió su destino? Una suerte de silogismo al revés: dada la conclusión, rastrear las premisas que la justifican. ¿Estuvieron los acontecimientos del año ´70 prefigurados en aquella carta intimista, privada, de 1945? ¿Existirán otros rastros, otras pistas?

Acaso un buen camino sea releer "Patriotismo" ("Yûkoku"), uno de los cuentos más célebres de Mishima. Acaso el paso siguiente, obligado, sea mirar una vez más —ahora en clave policial—
la adaptación cinematográfica de ese cuento, dirigida por Mishima en 1966.

Escribió Marguerite Yourcenar: "Recordemos siempre que la realidad central hay que buscarla en la obra: en ella es donde el escritor ha preferido escribir, o se ha visto forzado a escribir, lo que al fin y al cabo importa. Y, sin duda alguna, la muerte tan premeditada de Mishima es una de sus obras".